martes, 5 de agosto de 2014

Una rabia infinita



Yo no tenía miedo, ni tristeza,
yo tenía una rabia infinita.
Rabia de esas 
que suben por las paredes
y luego se lanzan 
contra todo lo que se mueva,
que caminan de noche
por callejones oscuros 
planeando muertes inimaginables.
Rabia que me mordía, que me insultaba,
que me gritaba que debía vengarme,
que no quería paz, 
ni tregua ni olvido.
Yo tenía una rabia infinita
entre el pecho y la espalda 
y en los bolsillos
la llevaba como una navaja de matón de barrio.
Yo tenía una rabia
que me hacía desear matar 
a los buenos por buenos
y a los malos por malos.
Yo tenía una rabia
que no quería perder nunca,
porque era lo único que de ti me quedaba. 

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