Nos
enamoramos a miradas,
a
besos, a abrazos,
a
todas horas
y
en todos los lugares.
Nos
enamoramos,
porque
no había otra manera
de
soportar tanta pasión,
tanto
deseo,
tanto
sueño
en nuestra piel.
Nos
enamoramos
a
mordiscos, a jadeos,
a
todo momento,
a
la luz de la luna
y
a la medianoche en el mar.
Nos
enamoramos
de
nuestro amor,
de
nuestros cuerpos,
de
nuestro instante
y
de nuestra eternidad.
Nos
enamoramos
a
pesar de los pesares...
a
pesar de que no debíamos.
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